Tarta Piloñesa de avellanas
Esto de vivir en Galicia hace que cuelgue tantas recetas de la zona que parece que me he olvidado de mis orígenes, y no es así, aquí va una de asturianía.
Os pongo una introducción a la fiesta de la avellana de Piloña, municipio asturiano dónde se hace un merecidísimo homenaje a este fruto que pasa desapercibido en la mayor parte de las ocasiones frente a otros como la almendra a la que no tiene nada que envidiar, ni mucho menos. No os lo perdáis, es este fin de semana.
Esta tarta la hice para el cumpleaños de Amando y se la voy a dedicar a él.
El primer domingo del mes de octubre de cada año, Infiesto (capital del concejo o municipio asturiano de Piloña) rinde homenaje a su fruto más preciado, la avellana.
Esta tradición se remonta al año 1972, realizando de esta forma una ofrenda del primer fruto a la Virgen, coincidiendo así mismo con la celebración de una feria artesanal.
La avellana guarda de forma hermética su fruto. Una cáscara dura que sólo cruje por presión de los dientes o de algún artilugio. El sabor interior de la avellana es parte del sabor rural de Asturias y de su paisaje, en el que dominan arbitrariamente los avellanos, cuyas varas han sido útiles generación tras generación para muchas labores del campo, y no sólo para instigar al ganado.
A pesar de que hace unos siglos las avellanas asturianas partieran para el continente amontonadas en barcos en exclusiva (en pleno siglo XVIII era normal ver llegar buques ingleses al puerto de Gijón para cargar avellana, y lo mismo sucedía en el puerto de Villaviciosa y Ribadesella), la producción asturiana sufrió un largo traspiés por otro tipo de especializaciones ganaderas que la sucedieron, así como una baja cotización del producto. El avellano siempre presente quedó desde entonces escondido en el paisaje, sin ningún afán de explotación o comercialización. Sólo algunas zonas como Piloña, con Festival de la Avellana incluido, intentan recuperar el símbolo de la avellana, y también el potencial comercio de este fruto seco, cada vez más demandado en bruto y como derivado para la repostería o empresas licoreras. Asturias, con decadencia avellanera y todo, ocupa el segundo lugar nacional de producción tras Cataluña. Cuenta con variedades autóctonas tales como: Negreta, Amandi, Quirós, Espinareda, Casina y Villaviciosa, que ocupan un lugar preferente en la escala internacional de calidades.
En la Piloña actual, la avellana ha encontrado de nuevo justo reconocimiento en calidad y camina hacia la cantidad renovando sus árboles y creciendo en nuevas plantaciones. La avellana tiene futuro y se ve respaldada en estas tierras por contar con marca propia. También ayuda mucho la organización de un festival que ha superado su trigésimo aniversario, que tiene un buen volumen de ventas y que se convierte en lugar emblemático de la avellana asturiana por encima de otros concejos que también contaron con gran tradición avellanera como Aller, Cornellana, Teverga, Belmonte, Grado, Quirós o Allande.
Si se tira de manual técnico, el horizonte avellanero de Piloña pasa por rejuvenecer las plantas, abonar, realizar controles fito-sanitarios y también replantar.
Y replantando avellanos se abona también una ilusión colectiva y toda una gastronomía paralela en la que toda Asturias seguirá teniendo espejo. Por eso, el Festival de la Avellana convoca tanta expectativa y tanta gente. Los galardones otorgados en este certamen también ayudan: los premios a la calidad del fruto, mejores recolectores, los más jóvenes, los de mayor edad, premio a las plantaciones y a la repostería con avellana... Recogido de la página de Vivir Asturias
INGREDIENTES:
5 huevos
175 gr de azúcar
200 gr de avellana molida
100 gr de mantequilla
8 gr de azúcar avainillado
Aceite de girasol (unas gotas es solo para aceitar el molde)
Azúcar glass, solo para decorar.
PREPARACIÓN:
Esta es una tarta muy fácil, altamente calórica y apta para celiacos, porque como podéis ver no tiene ni un gramo de harina.
Más que una tarta, esta receta queda como un bizcocho, no muy alto, no leva en el horno, y es delicioso. Os lo recomiendo a todos aquellos a los que os gusten las avellanas. En mi caso es mi fruto seco favorito.
Vamos primero a preparar todos los pasos para que luego solo sea coser y cantar.
Lo primero que tenemos que hacer es separar las claras de las yemas, tenemos que partir siempre de huevos a temperatura ambiente que es como mejor se trabaja con ellos.
En un bol ponemos los 100 gr de mantequilla y la fundimos en el microondas a baja temperatura hasta que se quede blanda sin llegar a estar muy caliente.
Aprovecharemos también para ponerle un poco de aceite de girasol al molde, y lo extendemos con la ayuda de una brocha, y después le ponemos un poco de polvo de avellana para que el bizcocho no se pegue.
Ahora empezamos de verdad a cocinar, batimos las yemas con el azúcar en un bol, con la ayuda de unas varillas, unos tres minutos, hasta que comiencen a ponerse blanquecinas y a coger volumen.
Pasado este tiempo seguimos batiendo e incorporamos la mantequilla blandita y el polvo de avellanas, revolvemos bien esta mezcla hasta conseguir que sea lo más homogénea posible.
Aparte en otro bol montamos las claras con ayuda del azúcar avainillado, como siempre se pone un poco de azúcar al principio comenzamos a batir y cuando veamos que está casi montado le ponemos otro poco de azúcar, y seguimos batiendo, cuando nuestro merengue ya tiene pinta de merengue incorporamos lo restante del azúcar avainillado, este ultimo azúcar es para dar brillo. Como siempre si las claras están bien montadas podemos darle la vuelta al bol y no se caerá sobre la encimera.
En este momento es cuando se mezcla con la pasta de avellanas, poco a poco y sin revolver bruscamente para que las claras no se bajen.
Lo ponemos a horno medio unos 180ºC durante unos 35 minutos.
Cuando salga del horno dejamos enfriar, desmoldamos y decoramos con azúcar glass.


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