XLVIII Festa del marisco en O Grove Pontevedra

Sabéis que me encanta ir a este tipo de festas dónde se puede degustar lo mejor de cada zona.
En este caso no os recomiendo ir a esta festa en absoluto.

Sus 48 años de andadura les han servido para profesionalizar el asunto eso está claro. Cuando quieres comprar tu comida no te diriges a un puesto de venta de tickets, como en resto, sino a una línea de cajas, como si estuvieses en un supermercado, tienen hasta cajas rápidas.

Y después acudes con tus tickets hasta la zona de la barra dónde te sirven el producto que has pagado, con lo que si pides cuatro o cinco cosas y tienes que aguardar la cola de cada una de ellas, más os vale ser cuatro o cinco, porque os garantizo que hay algo que comeréis frío.
Cuando nosotros fuimos había poca gente, y así a todo me toco aguardar cola en las tapas que pedimos.

Las mesas, estaban bastante bien organizadas, pero digo bien, las mesas, porque no había ni un triste sitio dónde sentarse, lo que es también muy oportuno para asegurarse que la gente sale rapidito de allí, eso lo convierte en un fast food de marisco.

Ahora voy a la comida, las tapas eran la cosa más exigua que os podáis imaginar, por no llamarlas rácanas, o algo peor.
No eran caras, pero tampoco me extraña. Comida había muy poca en los platos.

El rodaballo, era poquito, pero al menos estaba bueno. Ahora las navajas, son lo más asqueroso que he probado desde que estoy en Galicia.








Y siento si ofendo a alguien con este comentario, pero teníais que ver las 7 navajas escuálidas que componían la ración (Porque nunca en mi vida había visto navajas tan pequeñas). 

Pero bueno, tuvimos más que de sobra, porque si os fijáis en la foto podréis ver la arena, horrible es poco para describir aquello. Navajas crujientes, una nueva experiencia.

Para mí la XLVIII festa del marisco de O Grove será la última, no pienso volver.

Este es solo un ejemplo de cómo cargarse una buena festa, porque después de la “degustación” nos dimos una vuelta mirando el resto de las tapas, que si bien parecían un poco más abundantes que las dos que tuvimos la desgracia de probar. Tampoco eran nada generosas, ni nada del otro mundo.

Así que bastante disgustados con el asunto, nos tocó salir de la carpa...¡¡¡¡a comer!!!, que si lo llego a saber me voy directamente a un restaurante.

Desde aquí mi tirón de orejas electrónico a los organizadores, por no decir perpetradores de este delito gastronómico.

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