Restaurante allo e aceite

Lo primero que tengo que hacer, es pediros perdón por la calidad de las fotos, pero me di cuenta casi a la hora de comer de que la cámara se había quedado en casa, así que habrá que conformarse con las fotos del móvil.


















Es una verdadera lástima, porque todo lo que tomamos merece la pena, de hecho, lo que tomamos y lo que no, porque me quedé con ganas de probar muchas más cosas, pero solo eramos dos a comer.
No me arrepiento en absoluto de haber celebrado aquí mi santo, que es hoy día 4, y seguro que volveré a probar más cosas.

Os pongo primero las fotos del vino que era de denominación de origen Monterrei, con variedad de uva mencía, me encantó, porque a mi no me gustan los vinos demasiado fuertes, y es un problema que tengo con la mayor parte de los riojas. Este era un tinto muy bueno, pero a la vez muy fresco.
Otro punto a destacar fue al pan, como siempre, pero esta vez con mención especial, nos pusieron dos bollitos a cada uno, una minichapata y para mi un bollo de pan con nueces y pasas, y para mi chato un bollito de avellanas y pasas. Todos ellos calientes, me tuve que contener mucho mucho para no saltar sobre ellos, teniendo en cuenta que si este era el comienzo solo podía venir algo bueno detrás.

Como detalle por parte de la casa nos sirvieron un gazpacho de remolacha, en el que contrastaba el sabor picante de la cebolleta con el dulce de la remolacha y el ácido del vinagre, estaba muy bueno.
Para compartir como primero pedimos unas croquetas de lacón, por aquello de salirnos de las típicas de jamón, estaban deliciosas, con bechamel de verdad, cosa que destacó inmediatamente mi novio que está muy mal acostumbrado primero por su madre y después por mi y detesta las croquetas de puré de patatas. Lo dicho muy buenas.





Para continuar pedimos un segundo cada uno, porque después de haber visto los postres, teníamos que llegar si o si.
Mi novio pidió cordero con pasta fresca y boletus, he de reconocer que me gustó hasta a mi que no soporto el cordero. Estaba tierno, delicioso, cocinado en su punto. El sabor fuerte del cordero (que es lo que me desagrada) practicamente había desaparecido, lo cual indica que era lechal y de buena calidad.
Si eso estaba bueno, ya no sé que deciros de mi plato, exquisito es poco, cochinillo con su  salsa de asado sobre crema de mango, con patatas fritas.
Aparte de que hacía mucho tiempo que no comía cochinillo, y es algo que me encanta, estaba tierno, con la piel crujiente, blanca la carne, en su punto de sal. combinaba perfectamente con el dulce del chutney de mango.
Me quedé con ganas de probar el jabalí, las carrilleras, y el bacalao, y encima pude verlos pasar a la mesa de al lado, y a pesar de estar al límite con mi plato no podía dejar de admirar todo lo que pasaba... esto mio es un vicio.
Al final conseguimos llegar a los postres, para mí fue un souffle de chocolate con helado, fue el mejor coulant de chocolate que me he comido nunca, ni en los restaurantes, ni en casa había probado cosa igual.

Acompañado de un helado de frutos rojos. en la carta que tienen colgada en su página web pone que el helado que acompaña al souffle es de mandarina, para mi sin duda esa hubiese sido mejor opción, pero no me puedo quejar de los frutos rojos.
Mi chaty se decantó por un helado de mango con espuma de limón y granizado de ron añejo, porque quería algo fresco para terminar la comida  (porque en pontevedra había 30 grados) y después de probar el chutney de mango de mi cochinillo no podía irse sin probar el helado de mango.

Voy a hablaros del restaurante, pertenece a una asociación denominada nove grupo gastronómico de Galicia, que es una sociación de jóvenes cocineros, algunos de los cuales ya han recibido estrellas michelín.
En nuestro caso el joven cocinero de allo e aceite fue Pablo Romero, al que desde aquí le felicito por su cocina. En cuanto a la sala, hay que destacar la decoración elegante, la amplitud y separación de las mesas, cosa que es muy de agradecer. No me gusta que los camareros tengan que pasar con calzador por detrás de mi silla mientras como, con el consiguiente peligro de que te bañen en alguna salsa. Ni me emociona estar escuchando la conversación del vecino de la mesa de al lado, mucho menos que él escuche la mía.
El camarero super atento, daba gusto, tanto a la hora de reservar por teléfono, como después en el trato en el restaurante.

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