Restaurante del hotel Palacio de Monfarracinos Zamora
Acudimos a este restaurante después de una preciosa visita al Lago de Sanabria, cosa que recomiendo a cualquiera que le guste la naturaleza, un sitio muy bonito, del que no puedo resistirme a poneros una foto, para que aparte de disfrutar de lo que es la comida, podáis recrear también el espíritu.

Pasamos ahora a poner unas imagenes de lo que comimos.
Para empezar os voy a destacar el vino, que nos gustó mucho, a pesar de que ninguno de los dos somos mucho de tintos, pero no podíamos irnos de Zamora sin probar el vino de Toro.
El vino acompañó la perfección todos los platos que nos comimos, siguiendo la recomendación de la dueña del hotel, que nos guió maravillosamente a la hora de elegir.
Comenzamos por una tabla de embutidos de la zona, todos ellos buenísimos, hasta el salchichón que no suele gustarme demasiado. El queso era un queso viejo, que estaba delicioso, se desgranaba en la boca, y que combinaba a la perfección con el vino.
Para continuar, y como platos fuertes, nos sirvieron un pollo de corral guisado, como buena asturiana os diré que no tenía nada que envidiarle a nuestros pitos de caleya, jugoso, en su punto, y muy bueno de sabor.
Y un entrecotte de ternera de la zona. Lo habitual de Zamora, y lo que le da fama, es la ternera de Aliste, como muy bien nos indicó la dueña lo que nos sirvió no podía denominarse Ternera de Aliste, ya que esta es una denominación de origen protegida y está restringida a una zona geográfica muy concreta. Un pequeño valle tras la sierra de la culebra, solo las terneras criadas allí pueden llevar la denominación protegida. Pero nos indicó que la ternera provenía, igual que el pollo, del propio pueblo de Monfarracinos, dónde ellos visitaban los criadores y elegían el producto. Mayor trazabilidad que esto imposible.
A día de hoy, no tengo ni idea de cómo sabe la ternera de Aliste, pero puedo deciros que ese entrecotte estaba buenísimo, cocinado al punto, y perfecto. a pesar de eso, el buen hacer de la dueña se puso una vez más de relieve al señalarnos que si lo queríamos más pasado que por favor se lo dijésemos y nos lo pasaban un poco más, cosa que no hizo falta en ningún caso.
De postre y para mi lo más flojo, arroz con leche, estaba todo muy independiente, el arroz por un lado, y la leche por otro, le faltaba cremosidad y y el grano de arroz estaba demasiado entero. El punto de sabor en cambio era bueno, pero tenía un tremendo fallo en la textura. Yo además le añadiría un toque de anís, pero eso es un tema personal.






Comentarios