Patatas Fritas

Esta receta para las patatas fritas parece que está de más, pero es una manera especial que descubrí hace unos años y que es muy útil para servir las patatas fritas calientes cuando se tienen invitados y no se quiere estar al lado de la sartén. Solo es válido si tienes pocos invitados, porque si no se necesitaría mucho aceite.
Se pone en una sartén grande mucho aceite, se pone al máximo hasta que esté caliente, se añaden las patatas que se habrán picado bien gruesas, yo procuro cortarlas y al final del corte girar el cuchillo para hacerlas romperse y así crearles aristas. O bien cortarlas con un artilugio de fabricación casera, que las ondula, este se lo debo a mi señor padre.
Se ponen en el aceite y se baja el fuego al mínimo, se dejan así despacio el tiempo que necesiten para estar hechas, eso se sabe pinchándolas con un palillo. La ventaja es que durante este proceso no hace falta estar pendiente de ellas, y como están a poco fuego no humean ni dan mucho olor a fritanga.
Llegado el momento de ir a servir el plato al que van a acompañar se ponen al máximo para que se queden doraditas y crujientes.
El resultado es una patata frita crujiente y dorada por fuera y blandita y caliente por dentro.
Se escurren sobre papel absorbente, y se les añade la sal.
Para los amantes de la comida basura se parecen a las patatas gajo del McDonals, pero nada que ver en cuanto a sabor oiga!!!!
En la foto se ven acompañando a un entrecot de ternera asturiana certificado, en su punto, con pimientos del piquillo confitados trigueros a la plancha y un crujiente de jamón que me encontré hace unos días por Internet, que como decoración del plato queda bonito, pero he descubierto que no es nada practico.

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