Restaurante Terraza del Miramar San Juan de la Arena Asturias
Visitamos este restaurante el domingo pasado, lo que empezó como una visita a la playa sin más para que nuestros perretes diesen una vuelta por la arena, se acabó convirtiendo, como no, en una visita gastronómica.
Os cuelgo una foto del pan antes de nada, estaba bueno sin más. Últimamente nos hemos dedicado en casa a comprar pan de hogaza, omitiendo esas barras horribles que venden en los supermercados que después se quedan como el corcho.
Y ahora, aunque el pan sea bueno, me llama menos la atención porque yo de normal estoy comiendo un pan de más calidad, de centeno, de trigo, con mezcla, con masa madre, probando distintos amasados...
La verdad es que para alguien a quien le gusta el pan, es un verdadero placer experimentar con cosas de calidad.
Nos sorprendió mucho que en la carta de vinos tuviesen vino albariño turbio, hemos bebido de esto por litros en Galicia, pero en Asturias no es normal encontrarlo.
Íbamos con la intención de pedir el menú del día, pero cuando llegamos nos anunciaron, que teníamos una especialidad fuera de carta, las zamburiñas a la plancha. Y en ese preciso instante todos los planes se fueron al traste.
Desde el tiempo que hemos pasado viviendo en Galicia, lo de las zamburiñas se ha convertido en un vicio para nosotros, además no suele haberlas en casi ningún sitio.
Así que comenzamos con una ensalada, íbamos a pedir una ensalada mixta, pero la ensalada del menú sobre el papel tenía muy buena pinta, así que le preguntamos al camarero si podíamos pedirla aunque no pidiésemos menú. Nos dijo que sí, y nos explicó pormenorizadamente que llevaba.
Como podréis ver los ingredientes no son ninguna cosa del otro jueves, pero estaba muy bien hecha en su punto de aliño y muy rica, lo que demuestra que no siempre hay que usar lo más caro para hacer un buen plato. Cuando los cocineros saben lo que hacen los ingredientes modestos también dan buen resultado.
Pimiento verde y rojo, cebolla, queso fresco, jamón york, palitos de cangrejo, un variado de lechugas y poco más.
Después llegaron las zamburiñas tiernas dulces, en su punto y bien calentitas porque el camarero estuvo pendiente para que llegaran nada más terminar la ensalada como le pedimos. Aquí hubo mil "submarinos" ya sabéis el régimen no va conmigo. Me encantan las zamburiñas, es extraño que un alimento que sale del mar pueda ser tan dulce, y con el complemento del ajo y el aceitito estaban riquísimas.
Finalmente decidimos meter un plato un poco más contundente porque sino, después de un día de playa y con toda la tarde por delante se nos antojaba un poco escaso. Fueron costillas de cerdo a la parrilla.
Según las vi aparecer pensé que estaban demasiado pasadas y serían unas costillas secas y horribles, ...error. Estaban bien pasadas (que en el caso del cerdo es muy necesario), jugosas por dentro crujientes por fuera y bien calentitas.
De nuevo un acierto. Venían con patatas que a mi me gustaron pero a mi marido no tanto. Pero eso va en gustos, él prefiere las patatas mucho más doradas, en casa las saco para mí después las dejo dos minutos más en la satén para él.
En lo que sí coincidimos es en que el chimichurri que nos pusieron fue la bomba, parecía casero, estaba de diez.
Por supuesto después de esto yo ya no llegué al postre.
Siguiendo con la temática gallega, la tarta que tenéis en la foto es una tarta de orujo, que sí probé, sabía a tigretón. Tómese esto no como una critica sino como un halago, llevo años intentando conseguir ese sabor en alguno de mis postres sin tener que recurrir a comprar tigretones que todos sabemos que la bollería industrial no es lo mejor del mundo.
Por ultimo os pongo una foto de la cuenta para que valoréis vosotros mismos el precio.
Antes de acabar la entrada quiero destacar algo de este restaurante que me pareció reseñable, al igual que lo digo cuando me dan un mal servicio quiero decirlo cuando me lo dan bueno.
El camarero, un chico joven, fue todo un profesional, encantador, pendiente sin agobiar. Buen consejero en cuanto a cantidades de comida a pedir, genial todo.
Nos colocó mantel y platos a la velocidad el rayo en la mesa que le indicamos, nos trajo un enfriador para el vino (que siendo un vino barato en la mayor parte de los sitios no se suelen molestar, que narices, en la mayor parte de los sitios ni se molestan con un vino caro).
Nos preguntaba a cada plato si nos había gustado, estuvo pendiente para que pusiesen a la plancha las zamburiñas en el momento justo...
Para los dueños del restaurante decir que este chico se merece un aumento de sueldo porque hace muy buen trabajo.
Para volver.
Os cuelgo una foto del pan antes de nada, estaba bueno sin más. Últimamente nos hemos dedicado en casa a comprar pan de hogaza, omitiendo esas barras horribles que venden en los supermercados que después se quedan como el corcho.
Y ahora, aunque el pan sea bueno, me llama menos la atención porque yo de normal estoy comiendo un pan de más calidad, de centeno, de trigo, con mezcla, con masa madre, probando distintos amasados...
La verdad es que para alguien a quien le gusta el pan, es un verdadero placer experimentar con cosas de calidad.
Nos sorprendió mucho que en la carta de vinos tuviesen vino albariño turbio, hemos bebido de esto por litros en Galicia, pero en Asturias no es normal encontrarlo.Íbamos con la intención de pedir el menú del día, pero cuando llegamos nos anunciaron, que teníamos una especialidad fuera de carta, las zamburiñas a la plancha. Y en ese preciso instante todos los planes se fueron al traste.
Desde el tiempo que hemos pasado viviendo en Galicia, lo de las zamburiñas se ha convertido en un vicio para nosotros, además no suele haberlas en casi ningún sitio.
Así que comenzamos con una ensalada, íbamos a pedir una ensalada mixta, pero la ensalada del menú sobre el papel tenía muy buena pinta, así que le preguntamos al camarero si podíamos pedirla aunque no pidiésemos menú. Nos dijo que sí, y nos explicó pormenorizadamente que llevaba.
Como podréis ver los ingredientes no son ninguna cosa del otro jueves, pero estaba muy bien hecha en su punto de aliño y muy rica, lo que demuestra que no siempre hay que usar lo más caro para hacer un buen plato. Cuando los cocineros saben lo que hacen los ingredientes modestos también dan buen resultado.
Pimiento verde y rojo, cebolla, queso fresco, jamón york, palitos de cangrejo, un variado de lechugas y poco más.
Después llegaron las zamburiñas tiernas dulces, en su punto y bien calentitas porque el camarero estuvo pendiente para que llegaran nada más terminar la ensalada como le pedimos. Aquí hubo mil "submarinos" ya sabéis el régimen no va conmigo. Me encantan las zamburiñas, es extraño que un alimento que sale del mar pueda ser tan dulce, y con el complemento del ajo y el aceitito estaban riquísimas.
Finalmente decidimos meter un plato un poco más contundente porque sino, después de un día de playa y con toda la tarde por delante se nos antojaba un poco escaso. Fueron costillas de cerdo a la parrilla.
Según las vi aparecer pensé que estaban demasiado pasadas y serían unas costillas secas y horribles, ...error. Estaban bien pasadas (que en el caso del cerdo es muy necesario), jugosas por dentro crujientes por fuera y bien calentitas.
De nuevo un acierto. Venían con patatas que a mi me gustaron pero a mi marido no tanto. Pero eso va en gustos, él prefiere las patatas mucho más doradas, en casa las saco para mí después las dejo dos minutos más en la satén para él.
En lo que sí coincidimos es en que el chimichurri que nos pusieron fue la bomba, parecía casero, estaba de diez.
Por supuesto después de esto yo ya no llegué al postre.
Siguiendo con la temática gallega, la tarta que tenéis en la foto es una tarta de orujo, que sí probé, sabía a tigretón. Tómese esto no como una critica sino como un halago, llevo años intentando conseguir ese sabor en alguno de mis postres sin tener que recurrir a comprar tigretones que todos sabemos que la bollería industrial no es lo mejor del mundo.
Por ultimo os pongo una foto de la cuenta para que valoréis vosotros mismos el precio.El camarero, un chico joven, fue todo un profesional, encantador, pendiente sin agobiar. Buen consejero en cuanto a cantidades de comida a pedir, genial todo.
Nos colocó mantel y platos a la velocidad el rayo en la mesa que le indicamos, nos trajo un enfriador para el vino (que siendo un vino barato en la mayor parte de los sitios no se suelen molestar, que narices, en la mayor parte de los sitios ni se molestan con un vino caro).
Nos preguntaba a cada plato si nos había gustado, estuvo pendiente para que pusiesen a la plancha las zamburiñas en el momento justo...
Para los dueños del restaurante decir que este chico se merece un aumento de sueldo porque hace muy buen trabajo.
Para volver.








Comentarios