Sidrería La Cabana Oviedo

Nos acercamos hace unos días a esta sidrería de la Calle Gascona en Oviedo. Aprovechando que estaban en fiestas en Gijón y no había mucha gente.

El resultado fue que sin reserva previa y a las diez y media de la noche encontramos mesa para seis en un momento.

Los platos como siempre que vamos tantos, se suelen limitar a fritanga y ese tipo de cosas. No es que tenga mucha entidad como comida, pero es lo más fácil de repartir, y le suele gustar a todo el mundo.
Mención especial antes de empezar con la comida para el pan, caliente… muy caliente, buenísimo, podría haber comido solo con eso, era celestial (que cursi me pongo)

 



















Empezamos con un pastel de cabracho, que estaba bueno y tenía la peculiaridad de ser caliente y llevar por encima la mahonesa semigratinada.
Unas croquetas variadas, puesto que las había de bacalao y de jamón mezcladas.
Y unas patatas tres salsas, que no sé en el resto de España, pero en Asturias son muy comunes.


La comida llegó a la mesa en dos tandas, en la primera esto que os cuento y en un segundo golpe lo que viene a continuación.

















Unos calamares, que resultaron ser rabas, pero estaban muy tiernas y buenas.
Lacón cocido con patatas, que fue mi tapa, he de reconocer que me encanta, aunque suela estar un poco salado en la mayor parte de los sitios.
Y por ultimo fritos de rape, que estaban deliciosos, pero para cuando llegaron a mi ya no me apetecía nada, estaba súper llena y con un principio de empacho e indigestión de comerme mi bollo caliente, y gran parte del de mi chato.
Cuando llegamos a los postres, solo tres fueron los valientes, así que por eso hay pocos postres.
Tocinillo de cielo, que he de reconocer que tiene muy buena pinta, y me dijeron que estaba muy bueno.
Y la tarta de arroz con leche, que la verdad estaba tan mala como la pinta que tenía, era una cosa pastosa gorda y además tenía una textura granuda del arroz. Mal asunto.

El sitio es recomendable, y el servicio atento, pero yo tendía cuidado con los postres a elegir.En este caso el sorbete de limón fue todo un acierto porque venía con un vaso de agua hirviendo debajo, muy buen detalle, porque normalmente no hay manera de sacar el helado de dentro.


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