Casa grande de Fervenza
Pretendíamos visitar la ciudad de Lugo, la verdad es que este fue uno de esos planes improvisados que tienen buena pinta desde el comienzo. Nuestra primera idea era visitar la ciudad de Lugo con calma y cenar en la zona de tapas del casco antiguo y pasar la noche, para lo cual ya teníamos un par de alojamientos mirados, y continuar visitando la ciudad al día siguiente.
Para empezar, nos recomendaron cambiar la ciudad a visitar por Orense, fueron varias personas que en distintos momentos y todas con el mismo criterio nos dieron este consejo; de las cuatro capitales gallegas es la más dejada, la que menos tiene que ver y la más triste, con un gran potencial (solo hay que ver las murallas) pero muy abandonada.
De todas maneras no desistimos porque nos pillaba en zona de paso para volver a Asturias, además de que llevábamos dos años queriendo ir a Lugo y no nos iban a parar un par de críticas.
Apareció entonces el plan alternativo de no alojarnos en Lugo, sino en una casa rural en las inmediaciones y así lo hicimos.
Encontramos en la página:
información sobre jornadas gastronómicas de otoño, dónde se proponía la visita a un alojamiento rural con encanto, así como una cena disfrutando de los productos que nos brinda esta estación del año y dos desayunos, por un precio muy asequible, así que decidimos darnos un homenaje. Doy fe de que lo hicimos.
La casa que escogimos se encuentra a escasos 15 km de Lugo capital, enclavada en un bosque centenario con unos paisajes maravillosos que no pudimos disfrutar hasta que amaneció puesto que llegamos de noche.
Lo primero que nos sorprendió fue el ruido, sonaba a agua por todos los lados, en principio pensamos que se trataba de una cascada en las inmediaciones, que además estaría favorecida por un Miño desbordado a su paso por Lugo, al día siguiente comprobamos que no era así, la casa se llama la casa grande de Fervenza, refiriéndose a agua que ferve, que hierve, y no es por lo caliente, es una zona de rápidos en el río Miño.
Una alternativa de ecoturismo de las casonas gallegas que deberían imitar las asturianas, es una buena manera de llenar en temporada baja como es esta. No os voy a colgar fotos de la casa, os cuelgo directamente un enlace para que la podáis ver estaba muy bien
Y ahora paso a dedicarme a lo que nos ocupa, que es la comida.
De entrada, y como recibimiento en el restaurante nos pusieron una espuma de boletus con nata coronada con unas escamas de sal Maldon, cómo podréis apreciar la presentación era excelente, estaba buena, pero lo mejor aún estaba por llegar.
Las jornadas constaban de un menú de tres platos en los que teníamos oportunidad de elegir, como íbamos dos nos dedicamos a pedir cosas distintas para poder probarlo casi todo.
Los primeros consistieron en unas croquetas de setas variadas para mi, o unos crujientes también de setas para el chati, nos quedaron por probar las fabas de Lourenzá con chorizo, que supusimos eran una especie de fabada. De todas manera es un poco fuerte para cenar.
Como no, fotografía al pan de centeno, buenísimo como siempre.
Pasamos entonces a los segundos, yo fiel a mi estilo ternera guisada que se parecía mucho a la que hacía mi abuela cuando yo era pequeña, ni que decir tiene que me encantó, fue como una regresión a la infancia.
En la siguiente foto tenemos el jabalí que estaba muy bueno, nada fuerte, y cuando mi novio me preguntó a que me sabía, la verdad es que no encontraba palabras para describirlo en un principio, y no encontré otra cosa mejor que “a bosque”, estuvo un rato riéndose de mí hasta que acabó dándome la razón.
Cuando todos los sabores se mezclaban, dejaba un gusto muy parecido al olor que tiene un bosque después de haber llovido. Se que dicho así queda muy poético y cursi, pero no encuentro otra definición mejor para el plato. Delicioso sin duda.
Nos quedó sin probar el yogurt ecológico cosa que me fastidió bastante, no sabía que iba a tener otra oportunidad al día siguiente para desayunar. Menudo desayuno, tostadas de pan de centeno con mantequilla, queso fresco casero, yogures ecológicos, café de pota, miel casera, mermelada de manzana casera y buenísima, fruta, bollería. Y como no zumo de naranja natural recién exprimido. Para mi gusto le faltó un componente salado, cuanto más vieja me hago, más me gusta desayunar salado. Genial sin duda, si tengo otra oportunidad, no dudaré en repetir.

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